El carácter y no el conocimiento será lo determinante para triunfar.
Carácter significa tener temple. En las oportunidades laborales los que resuelvan situaciones, fracasos, desafíos serán los elegidos. Serán rechazados los que todo lo vuelven una tragedia. Esa será la máxima que usarán los seleccionadores de personal en las empresas y para los independientes será un requisito.
Cuando se percibe la autoridad que no es lo mismo que autoritarismo, los hijos forjarán ese carácter que tanto necesitan. Cuando la autoridad hace presencia, los hijos también actuaran con autoridad para poder resolver sus propios problemas. Sus actuaciones estarán marcadas por las determinaciones tomadas.
Cuando no hay autoridad hay presencia de debilidad en el carácter de nuestros hijos. Sus actuaciones serán por impulsos con consecuentes resultados en problemas de adaptación.
El exceso de autoridad siempre será mejor que el exceso en la falta de autoridad.
Cuando se llega a la humillación, hasta ahí llega el límite de la autoridad. El adulto del mañana es el niño de hoy. En ocasiones hay que mirar a nuestros niños como un adulto en potencia. Todos los padres desean que a sus hijos no les suceda lo que a ellos les sucedió.
Entonces si queremos que no sufran, hay que enseñarles a sufrir. No se puede ni se debe estar evitandoles todo posible sufrimiento. Quien no ha sufrido para alcanzar las metas deseadas? Esto aplica a todo triunfador en todo tipo de actividad. Hay que enseñarles que siempre se puede un poco más. Que hagan esfuerzos adicionales, que no sean conformistas.
Enseñarles a carecer será importante en el rol que desarrollamos como padres, ellos deben sentir la falta de y saber resolver las situaciones por ellos mismos. Que tal que nuestros hijos no practiquen un deporte porque no tienen los implementos de marca y lo último en tecnología? Aunque tengamos todo para darles, los chicos deben saber el valor de las cosas. Sino lo hacen de chicos será muy difícil de grandes y el sufrimiento será mayor con ellos.
Dándoles un poco menos de lo que necesitan, se les enseña a carecer .Así aprecian lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos, a gozar de la vida que a veces está en las cosas pequeñas. Aprenden a no quejarse por todo. Los jefes de Recursos Humanos siempre tienen en la mira a los quejosos.
En el hogar hay un sitio estratégico y preciso para aprender a carecer. La mesa del hogar o el comedor que llamamos es el sitio ideal. Que les debemos dar de comer? Lo que nosotros queramos que coman. No por el bien estomacal, sino que es una magnífica forma de que aprendan a carecer, a no ser ingratos, que no sean quejosos. Ejemplo: “ Mami, Papi no me gustan las lentejas”. Si queremos hacerles un bien para toda la vida, démosle lentejas. Muy seguramente habrá pataletas y berrinches, pero no nos exaltemos, ni gritemos, pues el grito no es autoridad. Que no quiere comer, pues que no coma. Pero cuando vuelva a sentir hambre: Oh menuda sorpresa…lentejas. No quiere? Que no coma. A la siguiente comida sírvale lentejas del refrigerador y calentadas. “Mami, Papi, yo sólo como hamburguesas, papitas y gaseosa”, sino ha pasado por la prueba de lentejas, frutas, ensaladas etc. No nos dejemos chantajear emocionalmente. Es por el bien de nuestros hijos.
Esto parecerá increíble, pero si no hacemos este tipo de cosas no se podrá adaptar. La comida es una buena escuela del carecer pues luego no serán quisquillosos en su círculo social, en el trabajo… en su mundo real. No quieren comer?... que no coman, no importa. Hay que ser firmes los dos padres y sin alterarse. Así hasta que coman lentejas, verduras, ensaladas etc. Sino estaremos –casi seguro- jodidos toda vida.
Hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo. Con pocas tareas -tender cama, arreglar lugares, lavar platos, pintar, etc.- desde chiquitos, como jugando, aunque lo hagan mal varias veces (paciencia por el bien de todos). Si no hacen este tipo de cosas, tendrán problemas luego. Pueden apostar. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo (donde se educan los hijos de jeques árabes o de mega-empresarios) son muy duras. Se les enseña a carecer. Te levantan temprano, te friegan (sin sadismos) para que sepas y entiendas al mundo y lo puedas liderar.
¿Propinas? que sean un poquito menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar el dinero. Se recomienda cantidades fijas y semanales. Claro que se deben aceptar excepciones y sobregastos, pero conversadas serenamente.
Hagan hijos luchadores y no peleles debiluchos y sobreprotegidos. Que se superen a si mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños. Para que sean buenos de corazón.
Lo más importante*: Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán Hijos Triunfadores.
Y "triunfadores" no equivale a solamente tener dinero. Deben ser felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros. Para los padres: no se apasionen con las notas de la libreta; 16 de los 20 mayores empresarios del siglo XX fueron malos en el colegio o no lo terminaron. Tuvieron carácter templado. Reflexionen y continúen o reempiecen a Hacer Hijos Triunfadores.
Por. Wenceslao Prieto M.
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